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Inanna (Ishtar)

La Boda de Dumuzi e Inanna

Boda de Dumuzi e Inanna

Tiempo estimado de lectura: 11 minutos

La Boda de Dumuzi e Inanna es una composición, tipo kungarra, se centró en cantar el cortejo, matrimonio y luna de miel habidos entre Dumuzi e Inanna. El texto que ha llegado -116 líneas, distribuidas en cuatro columnas- presenta muchas lagunas, por lo que su hilo conductor narrativo se pierde en varias ocasiones.

Argumentalmente, la historia encierra observaciones de gran interés sociológico, como podrían ser el temor de las mujeres ante maridos bruscos -claro ejemplo de violencia de género-, el desconocimiento de las tareas domésticas entre las clases elevadas y la triste condición de las esposas, sometidas a rudas tareas hogareñas.

Desde el punto de vista del derecho matrimonial, la narración testimonial que, tras el consentimiento de los padres, el acto formal de una boda sumeria concluida con la apertura de la puerta por parte de la novia a su novio. Nuestra versión es algo libre, habiendo incorporado material puramente literario. Las primeras nueve líneas del texto están seriamente dañadas.

Mitos de Inanna

Inanna Diosa del Amor y la Guerra

La astucia de Inanna

Geshtinanna

El mensaje de Geshtinanna

Los regalos de Inanna

En aquel día, enteradas las jóvenes diosas de la inminente boda de su amiga, la diosa Inanna, acudieron junto a ella a felicitarla. En diferentes lugares de la Casa, del resplandeciente templo de Uruk, se hallaban los magníficos regalos que la diosa había recibido tanto de parte de su futuro esposo, Dumuzi, como de los amigos de éste. Rodeando a la joven diosa, con gran algarabía, todas ellas contentas, le dijeron:

¡Oh Inanna, qué regalos tan generosos has recibido! ¡Tu novio, el señor Ama-Ushumgalanna, es generoso! ¡Sus amigos son generosos también! ¡Inanna, que capturas países enemigos como pájaros, Ninegalla, tu novio y sus amigos son señores generosos! ¡Oh tú, que aplastas países enemigos como quien aplasta huevos, Inanna, tu novio y sus amigos son señores generosos! Ama- Ushumgalanna está en primer lugar; el labrador es el segundo en cuanto a sus regalos; no otro, sino el cazador de aves, es el tercero; el pescador, el hombre en medio del marjal, es el cuarto. Estos amigos te quieren mucho.

Inanna, nerviosa, respondió a sus amigas:

Dejadme a mí, la señora, enviar un mensajero al pastor, a mi novio. Debo indicarle la fecha de la boda. Que mi enviado haga que Ama-Ushumgalanna me obsequie en el día de mis esponsales con las primicias de la mantequilla y de la leche de su redil. Dejadme enviar un mensajero al cazador de aves que tiene sus redes tendidas. Dejadme enviarle un mensajero para que me obsequie con selectos pájaros. Y al pescador, a su cabaña de juncos, dejadme que le envié un mensajero para que el amigo pescador me obsequie con sus preciosas carpas.

La casa de Inanna

Pasado algún tiempo, los amigos del novio, tomando el día libre, pues la ocasión lo requería, llegaron a Casa de Inanna. El cazador de aves trajo pájaros escogidos, el pescador trajo preciosas carpas, las llevó en un cesto. El pastor, por su parte, cargaba cubos de mantequilla en sus manos, Dumuzi cargaba cubos de leche colgados de sus hombros, leche batida mezclada con hierbas la cargaba en recipientes colgados del otro. El pastor Dumuzi, llegado ante la puerta, llamó a la Casa. Dumuzi puso la mano sobre la puerta y exclamó:

¡Apresúrate en abrir la Casa, mi señora, apresúrate en abrirla!

Una pequeña laguna de dos líneas interrumpe el relato. Otras tres líneas han llegado incompletas.

Inanna no había abierto la puerta a nadie, pues todavía no se hallaba preparada para recibirlos. Su madre, oyéndola, acudió junto a ella, que de pie y muy nerviosa estaba oyendo las palabras de Dumuzi. Acercándose le comenzó a hablar:

Hija mía, realmente ahora tu eres ya su esposa y él es tu esposo. Realmente tú serás su mujer. Eres su esposa. Y él es tu esposo. En verdad, tu madre, yo, soy ahora solo una extraña. Respetaras a su madre como si fuera yo, tu madre. A su padre lo respetarás como si fuera tu padre. 

Mientras Ningal le estaba indicando cuál iba a ser su situación de entonces en adelante, desde afuera, Dumuzi se impacientaba por entrar.

¡Apresúrate en abrir la Casa, mi señora, apresúrate en abrirla!

El banquete de boda

Inanna siguiendo los consejos de su madre, se bañó con agua, se perfumó con aceite dulce, decidió ponerse como vestido exterior el gran vestido principesco. También tomó sus amuletos en forma de “Hombre-animal”, ordenó bien las piedras del collar de lapislázuli sobre su cuello y cogió su cilindro-sello en la mano. La joven dama estuvo allí esperando de pie. Estaba realmente hermosa. Inhalando aire y dando un largo suspiro, finalmente abrió la cancela de la puerta desde el interior. A Dumuzi solo le ocupó empujar la puerta. El pastor la abrió de par en par y como un rayo de luna ella, Inanna, se le apareció, deslumbrante, a sus ojos. Él la miró. Se alegró muchísimo. La tomó en sus brazos y la besó. Luego penetraron en la Casa y consumaron el matrimonio.

La casa de Dumuzi

Al día siguiente se celebró un magnífico banquete de bodas. Todos los dioses invitados degustaron los manjares que se habían dispuesto para celebrar tan fausto acontecimiento: los esponsales de dos divinidades. Inanna, después de pasar varios días en la Casa de sus padres, con Zuen (Nanna), el dios luna, y con Ningal, la “Gran señora”, se despidió de ellos y se fue con Dumuzi a su nuevo hogar, a la Casa de Dumuzi. Llegados a ella, el pastor condujo a Inanna a su aposento y él luego se encaminó en primer lugar a la capilla de su dios familiar. En el transcurso de sus sentidos rezos, le dijo con toda humildad a su dios:

Oh, mi señor, he venido a Casa, oh mi señor, mi esposa me acompaña. Que ella me dé en su momento un hijo. Oh mi señor, entra en ella, entra en la Casa. Cuando hayas penetrado en nuestros cuerpos, podremos concebir a un niñito. 

Luego, el pastor Dumuzi salió del sagrado recinto y se fue junto a su esposa. Tomándola de la mano la llevó a la capilla. Ante la puerta dijo: 

Esposa mía, oh Inanna, he acudido antes a la capilla de mi Dios personal a orar, a invocarle ayuda. Te he traído aquí también, ahora, porque deseo tener un hijo. Dormiremos delante de mí dios personal. Y en el sitio de honor de mi dios tutelar te sentaras, esposa mía.

El consejo de un dios enigmático

Aunque Dumuzi habló así con ella, Inanna se sentó junto al antepecho de la ventana, totalmente asustada, diciendo:

Laguna de 15 líneas. Cuando el texto se hace legible se observan algunas lagunas textuales.

Dumuzi, necesito ayuda. Yo siempre he obedecido a mi madre, estoy perdida sin sus consejos. Además, desconozco cuál es mi quehacer en este hogar. Incluso, oh querido Ama-Ushumgalanna -dijo avergonzada-, ¡no sé cómo usar una rueca!

Dumuzi, oídas aquellas palabras, se dirigió a su dios tutelar. Tras elevarle un piadoso saludo, le manifestó la siguiente plegaria:

Señor, mi esposa, está temerosa. Desconoce lo que es ser madre. Al hallarse fuera de su casa paterna, echa de menos las palabras de su madre. ¿Qué debo hacer en este caso? ¿Cómo tranquilizarla?

El dios tutelar, su buen espíritu, le aconsejó:

Ama-Ushumgalanna, deberás de ser ante todo gentil. No abuses de tu esposa en tus relaciones amorosas, compórtate de modo persuasivo. No se trata de una mujer vulgar, sino de una queridísima diosa. Trátala con respeto, compórtate bien. ¡Facilítale la vida que se merece!

Las palabras de Dumuzi a Inanna

Aconsejando así, Dumuzi acudió junto a su esposa. El pastor puso su brazo alrededor de de la joven diosa y le dijo: 

Inanna, no te he arrastrado a la esclavitud. Tu mesa será una mesa espléndida. Comerás ante una mesa espléndida. Mi madre Durtur come al lado del barril de cerveza. Su hermano no come allí. Mi hermana Geshtinanna tampoco come allí, pero tú comerás ante la mesa espléndida. Esposa mía, tú no tejeras ropa para mí. Inanna, no coserás ni hilarás para mí. Esposa mía, no carderas los vellones de lana para mí. No montaras urdimbres para mí. No temas, tampoco amasarás pan para mí. Ninegalla, no temas nada.

Las seis líneas siguientes han llegado en muy mal estado.

La diosa, abrazando emocionada al pastor Dumuzi, dijo:

Yo, que soy puro esplendor del cielo, que luzco amarillenta en la base del cielo al amanecer y al anochecer, oh marido mío, yo que tengo puro esplendor y brillo en el cielo, te voy a entregar todo mi amor. 

El resto del texto ha llegado incompleto, así que, no podemos saber el final de la historia de la Boda de Dumuzi e Inanna.

Mitología Sumeria

Amor en el Gipar

Amor en el Gipar

Enmerkar y el Señor de Aratta

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Referencias

  • Federico Lara Peinado (2017). Mitos De La Antigua Mesopotamia: Héroes, dioses y seres fantásticos. La Boda de Dumuzi e Inanna (pag.323). Editorial Dilema. ISBN 8498273889.

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